Editorial / 16 Oct, 2018
El cambio climático es un importante multiplicador de pérdidas por desastres

Editorial conjunto de Patricia Espinosa, Secretaria Ejecutiva de ONU Cambio Climático, y Mami Mizutori, Representante Especial del Secretario General para la Reducción del Riesgo de Desastres, y responsable de la oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). Este artículo fue publicado el día 11 de octubre por la Thomson Reuters Foundation.

El cambio climático se ha convertido en un importante multiplicador de las pérdidas por desastres en todo el mundo. Se han duplicado los eventos climáticos extremos en los últimos veinte años y se han experimentado algunos de los años más calurosos de la historia.

Un nuevo informe publicado para conmemorar el Día Internacional para la Reducción de los Desastres, el 13 de octubre, explica claramente que el 91 % de los principales casos de desastres son eventos climáticos extremos, y representan el 77 % de las pérdidas económicas registradas por eventos climáticos y geofísicos.

Por lo general, no se lleva la cuenta exacta de las pérdidas económicas totales registradas durante los últimos veinte años, pero sabemos que alcanzan un total de casi 3 billones de dólares estadounidenses, según un análisis de la base de datos global mantenida por el Centro de Investigación sobre la Epidemiología de los Desastres (CRED). Y, de esa cantidad, 224 500 millones USD se atribuyen a desastres relacionados con el clima.

A finales de este año, en Polonia, los gobiernos deberán completar las directrices de implementación del Acuerdo de París sobre el cambio climático, un paso crucial para garantizar que el acuerdo sea realmente efectivo.

La comunidad internacional debe apoyar a todas las naciones en sus esfuerzos por desarrollar planes nacionales de adaptación, e integrar plenamente el cambio climático y la reducción del riesgo de desastres en sus objetivos de desarrollo.

Para ello, será crucial el compromiso de los países desarrollados de movilizar 100 000 millones de dólares por año para 2020, para los esfuerzos que lleven a cabo los países en desarrollo ante el cambio climático.

Esta es una inversión relativamente pequeña, habida cuenta el tamaño de las pérdidas económicas por eventos climáticos extremos.

El año pasado estableció un nuevo récord de pérdidas económicas causadas por fenómenos meteorológicos extremos, especialmente inundaciones y tormentas, que se vieron favorecidos e impulsados por aumentos también récord en las temperaturas de la superficie terrestre y marina, el aumento del nivel del mar y más vapor en la atmósfera.

Las temperaturas medias mundiales el año pasado fueron de 1,1 grados centígrados por encima de las temperaturas preindustriales, y los nueve años más cálidos del mundo se produjeron desde 2005. Las probabilidades indican que 2018 se convertirá en el cuarto año más cálido de la historia.

Estos cambios tan radicales a menudo se traducen en tragedias indescriptibles como la pérdida de vidas, hogares y medios de subsistencia a causa de incendios forestales.

Las sequías están contribuyendo al aumento del hambre en el mundo por primera vez en una década. Niveles de lluvia sin precedentes contribuyen a la pérdida de muchas vidas, como el derrumbe de una ladera en Sierra Leona o una represa en Laos. Las temporadas de huracanes en el Atlántico pueden llegar a matar a miles de personas. Los tifones en Asia obligan a la evacuación de millones.

Estos eventos nos están diciendo que el nivel de riesgo que ya existe se está intensificando de una manera sin precedentes por el cambio climático.

La comunidad de naciones ha reconocido que las medidas para adaptarse a los impactos inevitables del cambio climático son tan importantes como la reducción de los gases de efecto invernadero.

El mundo requiere un enfoque integrado para la reducción del riesgo de los desastres y la lucha contra el cambio climático. Esto significa integrar la implementación del Acuerdo de París y el plan global para reducir las pérdidas por los desastres, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.

El impulso acordado por los Estados Miembros de la ONU para aumentar las estrategias nacionales y locales para manejar el riesgo de desastres incluye tener en cuenta los impactos del cambio climático, la pobreza, la urbanización rápida, la degradación ambiental y normativas poco eficientes del uso de la tierra y la construcción.

Si no se consigue adoptar un enfoque basado en los riesgos para el desarrollo social y económico, las consecuencias en un mundo cuyos niveles actuales de ambición no apuntan al deseado aumento de 1,5 grados centígrados en las temperaturas, sino de 3 grados, podrían ser nefastas.

Se empiezan a ver señales prometedoras con respecto a la acción, ya que ciudades, regiones, empresas, inversores y organizaciones no gubernamentales están desarrollando cada vez más estrategias de resiliencia y adaptación para hacer frente a los impactos del cambio climático.

Muchas de estas partes interesadas han comenzado a alinear sus estrategias con el Acuerdo de París, lo cual es alentador, dado que los gobiernos no pueden hacer frente al desafío por sí mismos.

Si bien los gobiernos continúan asumiendo el liderazgo, la creciente participación de otros actores está creando un nuevo multilateralismo más incluyente para enfrentar el cambio climático.

El reloj sigue corriendo. Solo si estrategias como el Marco de Sendai, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y el Acuerdo de París se traducen plenamente en medidas concretas a todos los niveles, podremos proteger de forma adecuada a los pueblos del mundo y a las economías de las que dependen.