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China emprende el camino hacia un futuro con bajo nivel de emisiones de carbono

Changhua Wu

Directora de la Gran China, The Climate Group

En tiempo de crisis, se suele esperar un milagro. El milagro en las actuales crisis financieras y climáticas es un cambio fundamental de las expectativas, que suponga una renuncia a la dependencia de los combustibles fósiles y de la prosperidad económica. Mientras que los líderes mundiales utilizan la baza de un  “Nuevo Acuerdo Verde” como base para el futuro, China ha vuelto a sorprender al mundo asignando el 38% de sus medidas de estímulo a proyectos  verdes, en que se incluyen infraestructuras con bajos niveles de emisión de carbono, como los ferrocarriles. Después de lograr el milagro económico de los tres últimos decenios consiguiendo tasas anuales de crecimiento ininterrumpidas de más del 10% y librando a decenas de millones de personas de la pobreza, el país más poblado del mundo parece decidido y preparado para orientar su economía hacia un futuro con bajo nivel de emisiones de carbono.

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 Estímulo verde para la prosperidad con bajo nivel de carbono

 La información actualmente disponible sobre las medidas de estímulo no permite precisar con exactitud cuánto se va a dedicar realmente a iniciativas verdes. El cálculo del 38% realizado por el HSBC Banking Group sitúa decididamente a China por delante de la mayoría de los demás países y, en realidad, se están ofreciendo más programas e incentivos normativos para contribuir a la búsqueda de soluciones con bajo nivel de carbono. Por ejemplo, el Ministerio de Ciencia y Tecnología ha puesto en marcha el programa “Diez ciudades, 1.000 vehículos con energía nueva”. Por ahora se han seleccionado 13 ciudades y cada una de ellas se ha comprometido a adquirir al menos 1.000 vehículos que utilicen energía híbrida, electricidad o pilas de combustible, en particular para autobuses, con financiamiento público en todos los casos. El objetivo último es conseguir un 100% de vehículos con energía nueva en todo el país para el año 2012.

Otro ejemplo es la reciente iniciativa de integración de sistemas fotovoltaicos solares en edificios, en virtud de la cual aproximadamente el 30%-50% de los costos iniciales de integración de los sistemas fotovoltaicos solares en edificios comerciales y públicos serán sufragados con fondos públicos. Posteriormente, seguirá el programa de iluminación con diodo fotoemisor. Se prevé también iniciar este programa en diez ciudades, cada una de las cuales debe instalar al menos 10.000 de esas lámparas, subvencionadas por el gobierno nacional. 

La mejora de la eficiencia energética continúa siendo prioritaria. Con los enormes recursos que ahora se están introduciendo en las medidas de estímulo, el consumo energético y la protección ambiental serán los dos guardianes que impedirán las inversiones en proyectos nocivos para el medio ambiente. La reestructuración del sector industrial con gran concentración de energía es una importante tarea de las medidas de estímulo, en cuyo contexto las plantas de producción de energía, cemento y acero de pequeño tamaño y contaminantes se cerrarán y sustituirán por otras de capacidad más eficiente.

 Se está observando claramente que el despliegue y el desarrollo de tecnología limpia o con bajas emisiones de carbono ocupan un lugar central en el intento de estimular la economía de China. En forma semejante a los programas de estímulo de otros países, el plan chino trata de reconfigurar su economía con soluciones de energía renovable y más limpia y una mayor eficiencia energética. Si se consigue hacerlo en forma satisfactoria y eficaz, es de prever que China se incorpore a los líderes mundiales en la revolución económica con bajas emisiones de carbono.

 Las nuevas tendencias constituirán la base de la transformación

 Esta revolución, aunque todavía incipiente, se manifiesta a través de una clara visión gubernamental y un firme apoyo normativo. El objetivo de reducir la intensidad energética un 20% entre 2005 y 2010 abarca ahora todas las grandes industrias emisoras de carbono y ofrecerá a las compañías de China los incentivos y la confianza necesarios para introducirse en los sectores con bajo nivel de carbono.

 El objetivo del sector de la energía renovable se supera con frecuencia. La energía eólica, por ejemplo, se ha desarrollado con rapidez, y ha crecido más de un 100% anual en los últimos años. La capacidad de energía eólica actualmente instalada del país ha alcanzado los 12,15 millones de KW, habiéndose alcanzado antes de lo previsto el objetivo de 10 millones de KW establecido para 2010.

 Los empresarios chinos están adoptando medidas para reducir las emisiones de sus propias actividades al mismo tiempo que consiguen beneficios económicos, ambientales y sociales. Una oleada favorable a los bajos niveles de carbono ha arrastrado literalmente a decenas de miles de empresas chinas hacia nuevos mercados y ha generado algunos de los empresarios de mayor éxito de China. A comienzos de marzo de este año, el Sunday Times publicó una lista de las mayores empresas verdes. Diecisiete de los 100 mayores “gigantes verdes” del mundo incluidos en la lista proceden de China continental. De las 17 empresas chinas, 11 se encuentran en el sector de la energía solar.

 El Grupo Himin Solar Energy ha conseguido en menos de un decenio convertirse en el mayor productor mundial de calentadores de agua con energía solar, lo que ha contribuido a introducir este tipo de energía en 40 millones de hogares chinos. Las instituciones financieras están realizando cuantiosas inversiones en tecnologías de energía renovable y menos contaminantes. China es el segundo mayor receptor de inversiones en energía sostenible, después de Alemania, habiéndose invertido unos 12.000 millones de dólares en 2007. Por otro lado, el Gobierno chino invirtió más de 41.000 millones de Yuan RMB (6.000 millones de dólares EE.UU.) en proyectos de eficiencia energética en 2008.

 Los gobiernos regionales de ámbito provincial y municipal prestan cada vez mayor atención a las trayectorias de desarrollo alternativo con el fin de revitalizar las economías locales. Gracias al impulso de los máximos dirigentes locales, la Provincia de Guangdong, que inició la reforma y la apertura de China hace tres decenios, es ahora la pionera en las innovaciones tecnológicas con bajos niveles de carbono y en su despliegue en esferas como los vehículos eléctricos, acumuladores con diodo fotoemisor, edificios verdes y eficiencia energética industrial.

La ciudad de Rizhao (que significa Ciudad del Sol, en chino), en la Provincia de Shangdong, ha sido la primera ciudad china en adherirse a la Red de ciudades sin incidencia en el clima, del PNUMA, proyectando en mayor escala las soluciones solares hasta el punto de que el 99% de las terrazas de la ciudad están ahora cubiertas con calentadores de agua solares, y la mayoría de las señales de tráfico y semáforos de calles y parques funcionan con energía procedente de células solares fotovoltaicas.

 La sensibilización de los consumidores chinos ha sido cada vez más intensa. Con una población de 1.300 millones de habitantes, es fundamental orientar el consumo hacia una sociedad con bajos niveles de carbono. Las políticas como etiquetado obligatorio sobre la eficiencia de los electrodomésticos de consumo y las normas sobre la economía del combustible han ayudado a modificar el comportamiento y a crear un mercado para los productos con bajas emisiones de carbono. Por su parte, las empresas han respondido rápidamente con distintos productos inocuos para el medio ambiente junto con campañas de comercialización para estimular los mercados.

 Ese proceso ha generado un ciclo positivo que sirve de base para el crecimiento de una economía con bajos niveles de carbono en China. Los incentivos ofrecidos por las políticas comienzan a multiplicar las innovaciones tecnológicas. Las innovaciones orientan las corrientes de capital hacia tecnologías y soluciones más limpias y más verdes, que a su vez fomentan el despliegue y difusión efectivos de esas tecnologías y soluciones.

 Obstáculos que deben superarse para conseguir la transformación

 Aunque hay cada vez más pruebas de que se está avanzando hacia la reducción de las emisiones de carbono, existen todavía enormes obstáculos y desafíos que podrían llegar a bloquear los esfuerzos de China por impulsar esa tendencia en la escala y con la rapidez necesarias para hacer frente eficazmente al cambio climático. En el sector de la energía eólica, por ejemplo, aunque China posee ya capacidad de fabricación de turbinas eólicas de menos de 1,5 MW, el país no puede producir todavía grandes turbinas y algunas partes y componentes fundamentales, como rodamientos, cajas de cambios y sistemas de control para turbinas.

 Otro gran obstáculo es cómo financiar las soluciones con bajos niveles de carbono. Según una investigación de McKinsey, la economía verde de China requerirá 40 billones de Yuan de capital para 2030, mientras que, según el Organismo Internacional de Energía (OIE), la cifra es de 45 billones de Yuan. ¿De dónde saldrá este dinero? ¿Cuánta financiación pública se necesita para movilizar la inversión privada?

 La clave para la solución de estos problemas es la búsqueda de soluciones de escala internacional junto con los esfuerzos de alcance nacional y local.

 Necesidad de salir del punto muerto para llegar a una clara visión mundial

 Esa es en parte la razón por la que China pide a los países desarrollados que tomen la iniciativa en la búsqueda de una economía con bajos niveles de carbono. Además del factor de responsabilidad, China espera la cooperación y el apoyo financiero de los países occidentales en favor de la tecnología con bajos niveles de carbono a fin de respaldar sus esfuerzos de manera que pueda formularse una hoja de ruta con bajos niveles de carbono basada en prácticas de la vida real y compartida con otros países en desarrollo.

 Cuando los líderes mundiales acudan a Copenhague este mes de diciembre a fin de concertar un nuevo acuerdo sobre el clima mundial, se espera de ellos que formulen una clara visión mundial de un futuro con bajo nivel de carbono, que sea radical pero práctica. Antes de ello, es preciso examinar con atención los obstáculos a fin de determinar por qué las tecnologías y soluciones limpias que existen ya en gran parte en la actualidad no se han proyectado en mayor escala hasta alcanzar el nivel previsto.

 Este año es absolutamente necesario llegar a una visión clara en Copenhague, pero las visiones no recortarán por sí solas una sola tonelada de carbono. Lo que funciona es la acción en el plano local, en los hogares y en las oficinas, y las iniciativas de los consumidores individuales. Un acuerdo mundial bien elaborado y eficaz representaría una fuente de orientación, aliento y apoyo a las iniciativas de los países, como China, de emprender una trayectoria con bajos niveles de carbono, eficiente y sostenible.

 The Climate Group:

 The Climate Group es una organización internacional, independiente y sin fines de lucro que colabora estrechamente con los líderes de los gobiernos y empresas para acabar con el calentamiento mundial, garantizar la salud de nuestro planeta y lograr una economía con bajos niveles de carbono que responda a las aspiraciones mundiales de crecimiento y bienestar. La organización, con sede en Londres, está representada en la UE, los Estados Unidos, China, la India y Australia. Puede encontrar más información en www.theclimategroup.


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